El presente
La otra mitad fundamental de esta historia de origen son los inmigrantes. La política de puertas abiertas de Argentina a fines del siglo XIX atrajo a una inmensa marea de familias italianas y españolas — cerca de seis millones de personas cruzaron el Atlántico en aquellas décadas en busca de un porvenir próspero. Gran parte de ellos se radicaron a lo largo de los valles al pie de la cordillera y dedicaron su vida a la vitivinicultura.
Entre ellos, en 1898, arribó Nicola Catena procedente de la aldea de Belforte del Chienti, en las Marcas italianas. Llegó a Mendoza apenas catorce años después de que el ferrocarril uniera la provincia con el puerto de Buenos Aires, y en 1902 plantó su primera bodega familiar. Poco podía imaginar que estaba sembrando la semilla de la bodega más influyente de Sudamérica. Cuatro generaciones después — con Domingo Catena, Nicolás Catena Zapata y actualmente la Dra. Laura Catena — aquella pequeña empresa familiar transformó para siempre el prestigio del vino argentino a escala global.